La hermosa costumbre de guardar los dientes de leche de los hijos es clave para el desarrollo de nuevos tratamientos contra enfermedades. En los últimos años se han investigado las células madre presentes en los pequeños dientes de leche, los cuales han estado menos expuestos a los daños del medio ambiente y, por ello, tienen aplicaciones en biomedicina, genética, biotecnología y bioquímica.

El envejecimiento celular también afecta a las células madre, ya que las presentes en el organismo de los adultos van muriendo, degradándose o pierden sus capacidades regenerativas de forma gradual. Esto explica por qué los adultos mayores tienen mayor riesgo de enfermedades, pérdida de elasticidad y nutrientes en su piel y órganos, ya que las células madre han dejado de regenerar los tejidos de sus órganos.

En los últimos años ha surgido la idea de bancos de dientes de leche, donde las personas puedan resguardar de forma profesional las piezas dentales de sus pequeños, de modo que se utilicen en algún momento, ya sea para los dueños de esos dientes, o bien, para alguno de sus familiares.

Los dientes de leche de los niños son una fuente de células madre jóvenes, con mayores capacidades de regeneración que las células de una persona de 30, 50 o 70 años, lo que da esperanza para muchos tratamientos que se presentan a edades más avanzadas y en los que no se tiene el mismo éxito utilizando células autólogas de los mismos pacientes, las cuales pueden estar dañadas o envejecidas.
Ahora bien, la capacidad terapéutica de las células madre presentes en los dientes de leche es mayor en las edades más tempranas de los infantes, incluso en muchos estudios se equipara su capacidad con las células mesenquimales de la médula ósea, las cuales son las más utilizadas por los especialistas en medicina regenerativa.

En los dientes, ¿En dónde se encuentran?

Las células madre se encuentran en la pulpa dental, en el ligamento periodontal, el folículo y germen dentario; sus características son similares a las células de la placenta, pero con algunas diferencias respecto a su capacidad de diferenciación.
Para que conserven sus cualidades, las piezas deben extraerse de forma profesional y conservarse para su futuro manejo en laboratorios, evitando la contaminación bacteriana y ayudando a la supervivencia de las células mediante la criopreservación de forma indefinida para utilizarse en terapias de regeneración de músculo, piel, tejido óseo, cartílago, nervios, hígado, corazón, para el tratamiento de una gran variedad de enfermedades con un rango mayor que las células procedentes del cordón umbilical, que solo se pueden aplicar para enfermedades de origen sanguíneo.

Esperamos que esta información te sea de utilidad y te permita conocer más sobre estas terapias celulares regenerativas que tanto interés han despertado en la comunidad científica.
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