La falta de atención ante la pérdida de una pieza dental trae como consecuencia no sólo dificultades para comer y hablar –además del evidente perjuicio a la imagen personal—, sino que a esto se suma la atrofia maxilar ocasionada por la falta de estimulación del hueso de la encía sin dentición.

Este problema, que dificulta enormemente la inserción de implantes dentales permanentes, afortunadamente puede ser resuelto por medio de un injerto óseo, procedimiento que se efectúa con hueso proveniente de otras partes del cuerpo del paciente, un donador, materiales artificiales e incluso de animales.

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¿De dónde se saca el hueso que me van a injertar?

Para colocar una prótesis dental fija, es preciso anclar un poste de titanio directamente en la encía, para lo cual se necesita un tejido óseo sano y firme. En ausencia de estas características, es imprescindible hacer una cirugía para injertar hueso en la zona maxilar afectada, por lo que el odontólogo podrá sugerir alguno de los siguientes procedimientos dependiendo del contexto del paciente:

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1. Autoinjerto

También conocido como injerto autólogo, consiste en retirar tejido óseo del mismo paciente para trasplantarlo a la encía. Este hueso se obtiene generalmente de la parte posterior de la mandíbula, la barbilla, la cadera o la pierna, por lo que tanto la zona intervenida como la donante requieren de tiempo posterior de recuperación.

Al tratarse de tejido celular proveniente del mismo individuo se evita rechazo inmunológico y transmisión de enfermedades infectocontagiosas.

2. Aloinjerto

El llamado injerto alógeno se obtiene de personas donantes fallecidas, cuyos restos son esterilizados y preservados en bancos de tejidos.

En este caso, la ventaja es que el paciente no debe superar la intervención de extracción de hueso de su propio cuerpo y que, en cambio, se puede obtener casi de forma inmediata desde un banco de donación. Por otra parte, existe la posibilidad de transmisión de enfermedades o rechazo del tejido.

3. Xenoinjertos

Como lo indica la raíz de su prefijo – “xeno” – refiere al injerto de tejido “extranjero” que se hace a una persona, es decir, cuando proviene de una especie animal diferente o incluso vegetal. En este caso suele utilizarse hueso porcino, vacuno o bovino desproteinizado químicamente.

La obtención de este tipo de injerto es relativamente sencilla y básicamente no representa riesgos a la salud del paciente.

4. Injerto aloplástico

Se trata de un injerto sintético elaborado con materiales artificiales porosos que promueven el desarrollo de tejido óseo del paciente.

Generalmente, los injertos de este tipo están hechos a base de cristales bioactivos, polímeros o cerámica, por lo que son perfectos en caso de rechazo de otros de origen biológico.

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La implementación de cualquiera de estos tipos de injerto será recomendada por el dentista considerando las condiciones específicas del daño que se esté atendiendo, por lo que la comunicación médico – paciente es muy importante para que éste último sea consiente del proceso y del tiempo de recuperación.

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